Por qué la lasaña casera es el plato de «batch cooking» perfecto.
Va, que la lasaña casera es de esos platos que preparáis una vez y os resuelven media semana. Igual que pasa
con los canelones de carne o los de espinacas que ya vimos por aquí, forma parte de esa familia de elaborados
caseros que ganan cuando se preparan con calma y se guardan como toca. Si vivís en Barcelona y repartís el
tiempo entre el trabajo, la casa y mil cosas más, tener la lasaña lista en el congelador es un salvavidas para
esas noches sin ganas de cocinar. En nuestro obrador la preparamos con carne seleccionada, bechamel casera
y capas de pasta cocida en su punto exacto, ese que evita que quede pastosa después de un segundo
horneado.
Los ingredientes que marcan la diferencia
Una buena lasaña se construye desde la base: carne picada de vacuno y cerdo en su punto de grasa justo, ni
seca ni grasienta, un sofrito lento de cebolla y zanahoria, tomate reducido con calma, y una bechamel con
mantequilla de verdad, nada de margarina. La pasta se cuece al dente antes de montar, porque termina de
hacerse en el horno y va absorbiendo el jugo de la carne. El queso para gratinar, una mezcla de mozzarella y
parmesano, se reserva para el final, justo antes de hornear, nunca antes de congelar. Este detalle, que parece
una tontería, es el que decide si la lasaña sale del horno con esa costra dorada o se queda plana.
Paso a paso: cómo montar una lasaña que no quede aguada
El montaje va siempre en el mismo orden: una capa fina de bechamel en la base del molde para que la pasta no
se pegue, luego pasta, carne, bechamel, un poco de queso rallado, y así hasta llegar a cuatro o cinco capas.
Para que no os quede aguada hay dos puntos clave: la carne tiene que estar bien reducida antes de montar (si
el sofrito suelta líquido, dejadlo reposar y escurrid el exceso) y la bechamel debe tener una textura media, ni
muy líquida ni muy espesa, porque en el horno se asienta y si empieza demasiado líquida acaba encharcando el
fondo. La última capa siempre lleva bechamel y queso, nunca pasta al descubierto, que si no se seca al hornear.
El error más común al congelar lasaña (y cómo evitarlo)
El fallo que más lasañas caseras arruina es congelarlas ya horneadas y calientes. El cambio brusco de
temperatura y el vapor atrapado dentro del envase hacen que la pasta se pase y la bechamel se corte al
recalentar. Lo correcto es montar la lasaña cruda, dejarla enfriar del todo a temperatura ambiente, y congelarla
porcionada, en raciones individuales o en el molde bien tapado con film y papel de aluminio. Congelar en
porciones, además, os permite sacar solo lo que necesitáis sin descongelar el resto, algo que se agradece si
vivís solos o cocináis para pocos entre semana.
Cómo descongelar y hornear sin perder la textura
Lo mejor es pasar la lasaña del congelador a la nevera la noche antes y hornearla directamente desde ahí. Con
el horno precalentado a 180°C, y el molde tapado con papel de aluminio los primeros 20-25 minutos, se calienta
de forma uniforme sin que la superficie se queme antes de que el centro esté caliente. Los últimos 10 minutos,
ya sin papel de aluminio, son los que le dan ese gratinado dorado que hace que parezca recién montada. Y si se
os congeló ya horneada por error, aún se puede salvar añadiendo un poco de bechamel fresca por encima
antes de volver a hornear.
Cuánto tiempo aguanta la lasaña en el congelador
Bien envuelta y a una temperatura constante de -18°C, la lasaña casera congelada aguanta perfectamente entre
dos y tres meses sin perder calidad. Pasado ese tiempo no se estropea de golpe, pero la bechamel empieza a
notarse algo más granulada al descongelar, y el sabor pierde fuerza. Por eso conviene apuntar la fecha de
congelación en cada porción, un detalle tonto que se olvida fácil y que os evita sorpresas al fondo del
congelador. Si preparáis varias lasañas de golpe, mejor congelarlas en raciones de una o dos personas: se
descongelan antes, se hornean en menos tiempo y no tenéis que descongelar de más si al final sois menos de
los previstos. En nuestra carnicería seguimos el mismo criterio con las lasañas que preparamos para reparto: se
congelan en el punto óptimo y salen con la fecha de elaboración marcada, para que sepáis siempre cuánto
margen tenéis antes de consumirlas.
Nuestra lasaña ya lista: la opción sin complicaciones
Si preferís saltaros el montaje, en nuestra carnicería tenemos la lasaña casera lista para hornear, con el mismo
relleno y la misma bechamel que usamos cada día en el obrador. La podéis recoger en tienda o pedirla con
reparto a domicilio a cualquier punto de Barcelona, y solo tenéis que seguir el paso final del horneado. Es la
misma receta, pero sin el curro de montarla en casa.
Dirección: Mercat de Montserrat, Carrer de les Torres, 1, Nou Barris, Barcelona
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